lunes, 27 de septiembre de 2010

Prólogo de la muestra por Kioskerman.

Más de la mitad de su vida estuvo Troche con el humor gráfico. Si alguna vez fue una pared con la que se topó en el camino, hoy se la lleva por delante. No porque sea torpe, claro, sino porque como un gigante lo hace avanzar hacia nuevos y brillantes terrenos. Si alguien alguna vez se preguntó sobre la caducidad de los géneros en el comic, él me demuestra que son eternos, infinitos como sus negros de tinta Ecoline. Y que si los dejamos de lado es simplemente por un capricho nuestro. Troche le ha dado nueva vida al gag estilo "New Yorker", cuando el mundo parece apresurarse a abandonarlo en pos de la bendita novela gráfica. Al principio eran chistes, luego ideas, luego un poco más de chistes. Ahora ya no sé qué es lo que hace y creo que él tampoco lo sabe. Porque, como uno de sus personajes, avanza en la noche, en un terreno oscuro, que no ha sido iluminado aún. En la mano una linterna y en el haz: luz de estrellas. Increíbles de mirar. Su trabajo me transporta a esas "antípodas de la mente" que Aldous Huxley planteba en "Cielo e infierno". Creo que el arte de Troche es único e irrepetible. Su camino fue largo, apasionado y sincero. En mi biblioteca mental está al lado de los grandes del género, como Sempé, Addams, Steinberg y Quino.

Kiokerman